Cinco cambios con nueva Constitución

Por Francisco Quiero Aguirre.

Con nueva Carta Magna mejorará la calidad de vida de chilenas y chilenos. Se garantizarán derechos ciudadanos, el Estado tendrá mayor relevancia, habrá mejor equilibrio entre los poderes estatales.

Cambiar la Constitución no es una trivialidad, afecta considerablemente la vida cotidiana de las personas, ya que es la norma jurídica de más alta jerarquía. Ella afecta los derechos y garantías de los ciudadanos, afecta la relación entre el Estado y la sociedad, y nuestra convivencia interna como con otros Estados y organizaciones. La actual Constitución, originada de forma ilegítima, escasa en derechos y garantías, y diseñada como una trampa constante en la que o sus quórum o el Tribunal Constitucional impiden su cambio, afecta los puntos antes señalados de forma negativa. Por ello, cambiándola afectará positivamente la calidad de vida de las personas y del país. Estos son los cinco principales cambios que se lograrán si cambiamos la Constitución:

1.- Dar una mayor relevancia al Estado

Actualmente el Estado cumple una función subsidiaria, es decir, solo participa en aquellas actividades en que los privados no tienen incentivo a participar (en que no es un negocio rentable) Por ello, el Estado cuenta con recursos escasos para ayudar a los ciudadanos a tener una mejor calidad de vida (educación, salud, vivienda, áreas verdes, caminos, etc.)  a la vez que se le imposibilita en participar en aquellas actividades que afecten el libre mercado. Por esta razón, su rol se reduce a entregar “subsidios”. Con una nueva Constitución, el Estado puede complementar su rol subsidiario a un rol interventor, en que posea empresas estratégicas y potencie la competitividad de las empresas, usando estos fondos ganados para costear los derechos económicos, sociales y culturales de todas las personas. Esto afectará, necesariamente, al derecho de propiedad, creando una propiedad estatal, mixta y comunitaria, además de la privada y cooperativa.

2.- Garantizar Derechos

La actual Constitución condiciona los derechos al poder adquisitivo de las personas: la calidad de la educación, el tipo de salud, la calidad de la vivienda, la calidad de las pensiones, el acceso a medicamentos, la calidad de la justicia. Todos estos elementos están mediados por el dinero, lo que crea una asimetría entre ciudadanos que se definen iguales ante la ley. Con una nueva Constitución se pueden no solo garantizar nuevos tipos de derechos, sino también asegurar su garantía. En la actualidad, solo algunos derechos poseen garantía, es decir, la posibilidad de apelar ante el Poder Judicial por su incumplimiento, como lo es el caso del derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, la libertad de enseñanza o el alza de precios de un plan de ISAPRE. Ampliar el catálogo de derechos,al igual que las garantías que los defienden (integrando una dimensión de calidad a los derechos garantizados) es posible y necesario con una nueva Constitución.

3.- Definir de mejor forma la ciudadanía, la soberanía y la nación

En la actualidad el ciudadano se reduce a un sujeto que posee una determinada cantidad de derechos, en las que se presume una igualdad (teórica) ante la ley. El ciudadano puede ejercer la soberanía si se organiza como nación (no así como pueblo), mediante plebiscitos y escrutinios. Todos estos elementos generan incongruencias respecto a nuestro rol como país en un mundo globalizado, donde las nociones de ciudadanía, soberanía y nación se han relativizado y puesto en entredicho. Con la nueva Constitución, podremos actualizar las nociones de ciudadanía, soberanía y nación desde un lenguaje de guerra fría a la era de la globalización, siendo el pueblo quien ejerce la soberanía más allá de la seguridad nacional, desde una visión integrada al mundo, donde en nuestro territorio conviven culturas diversas como los pueblos originarios. Esto nos lleva también a entender la ciudadanía como una forma integrada de participación más allá del voto, cuestión que ocurre con la actual Constitución.

4.- Equilibrar de mejor forma los poderes del Estado

En la actualidad los poderes del Estado poseen un poder asimétrico que beneficia principalmente al Poder Ejecutivo, creando una suerte de “hiperpresidencialismo”. El poder Ejecutivo centraliza en él un conjunto de atribuciones que las regiones podrían ver por sí mismas (decisión de presupuestos, autoridades para cargos públicos) También se da que el Congreso tiene poca capacidad fiscalizadora de las irregularidades que se dan en el sector público como en las empresas, lo que evidencia la impotencia del Congreso para hacer frente a casos de corrupción. Con una nueva Constitución, podemos nivelar el desequilibrio, dando mayor participación a las regiones, mejorando la capacidad del Legislativo, y haciendo más eficiente el rol del poder Judicial.

5.- Fija los objetivos políticos del Estado a nivel interno y externo

La Constitución actual no tiene un preámbulo, es decir, no tiene misión ni objetivo más que reproducir el orden vigente, que es desigual e injusto para la mayoría. Más aún, lee en clave de seguridad todos los problemas sociales (todo se soluciona con represión y cárcel), lo que es propio de la guerra fría. Más aún, lee en clave de seguridad los problemas limítrofes con nuestros vecinos, mientras que elimina el contenido político de nuestras relaciones exteriores (reduce al Ministerio de Relaciones Exteriores a un Ministerio de Comercio Internacional) Con una nueva Constitución, el Estado tendrá un propósito: asegurar la dignidad del ser humano.  Para ello se encargará de garantizar derechos amplios acorde al Derecho Internacional y los Derechos Humanos. El Estado se encargará de garantizar estos derechos por medio de su participación en el actuar económico. Finalmente, al tener objetivos claros en materia internacional, podrá recuperar el tiempo perdido en materia de integración regional y resolver de forma pacífica sus desavenencias con sus vecinos. Por estos motivos, debemos cambiar la Constitución. Afecta nuestra vida cotidiana y todo lo que hacemos, solo que no lo vemos.

Fuente: El Siglo


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