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Entrevista a Leonardo Hernández Gaete, responsable del Grupo Guía Scout Senda de Guerra
Con más de seis décadas de historia en la comuna, el Grupo Guía Scout Senda de Guerra de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores continúa formando a niños, niñas y jóvenes en valores, servicio y comunidad. Su actual responsable, Leonardo Hernández Gaete, repasa su trayectoria, los desafíos del movimiento y la importancia del escultismo en tiempos complejos.
Una vida ligada al escultismo
Leonardo Hernández Gaete no es un recién llegado. Su historia con el movimiento scout comenzó en 1985, cuando tenía apenas 11 años.
“Mi incorporación fue por motivación forzosa de mi madre”, recuerda entre risas. “Pero esa experiencia marcó mi vida. Participé de forma ininterrumpida hasta 2003, luego me alejé un tiempo por el nacimiento de mi hija, y regresé en 2009 como apoderado. Este 2026 decidí volver como dirigente, motivado por el servicio y el trabajo con niños y jóvenes”.
Hoy, y por un periodo de tres años, lidera el grupo como responsable, asumiendo el desafío de mantener viva una tradición profundamente arraigada en la comuna.
Una historia que nace en la parroquia
El grupo scout tiene sus orígenes en 1964, cuando el padre Marcial Parada, junto a jóvenes de la parroquia, fundaron la tropa “Senda de Guerra”.
“Con el tiempo fue creciendo, cambiando de nombre y consolidándose como lo que hoy es: el Grupo Guía Scout Senda de Guerra. Es una historia de compromiso, comunidad y juventud organizada”, explica Hernández.
Actualmente, el grupo cuenta con cerca de 150 integrantes entre niños, jóvenes y adultos, posicionándose como una de las pastorales con mayor participación dentro de la parroquia.

Formar personas íntegras
El escultismo, señala, va mucho más allá de actividades recreativas.
“Trabajamos en distintas áreas del desarrollo: carácter, física, intelectual, afectiva, social y espiritual. Nuestro objetivo es formar ciudadanos íntegros que aporten a la sociedad”.
Las actividades se organizan según las edades, con metodologías adaptadas:
- Para los más pequeños, el lema es “aprender jugando”
- En la adolescencia, “aprender haciendo”
- Y en las etapas mayores, el foco está en el servicio y el proyecto de vida
“Cada etapa tiene su sentido, pero todas apuntan a lo mismo: crecimiento personal y comunitario”, agrega.

Un espacio necesario en tiempos complejos
En un contexto social marcado por dificultades familiares y falta de espacios de contención, el escultismo cumple un rol clave.
“Muchos niños y jóvenes llegan buscando actividades, pero encuentran algo más profundo: pertenencia, amistad y acompañamiento. Cada reunión es una oportunidad para salir, aunque sea por unas horas, de realidades complejas”.
Para Hernández, el desafío es claro: ofrecer un espacio seguro, formativo y significativo.
“Queremos dejar huellas positivas en sus vidas, formar personas con valores, espíritu de servicio y sentido de comunidad”.
Compromiso con la comunidad
El grupo también tiene un fuerte enfoque social. Han participado activamente en campañas solidarias, como la ayuda a damnificados por incendios en el sur del país.
“Recolectamos alimentos, agua y útiles de aseo. Fue un trabajo conjunto con la parroquia y una experiencia que refuerza el sentido del servicio”.
Además, se mantienen disponibles para colaborar en iniciativas comunales, siempre resguardando la seguridad de sus integrantes.
El gran desafío: seguir vigentes
Pese a su historia, el grupo enfrenta desafíos importantes.
“El principal es mantenernos activos. Varios grupos scout en la comuna han cerrado, y eso nos obliga a redoblar esfuerzos”.
Sin embargo, destaca la preparación de los dirigentes y el compromiso con el proyecto educativo como pilares para seguir adelante.
“Más que sobrevivir, queremos permanecer con sentido, identidad y propósito”.
El valor del voluntariado
Ser dirigente scout no tiene recompensas económicas, pero sí un profundo sentido humano.
“Esto se sostiene por vocación. Es el deseo de aportar a la formación de otros. Cada actividad es una oportunidad de aprender y crecer en comunidad”.
El rol clave de las familias
Hernández es enfático: sin las familias, el trabajo pierde fuerza.
“El apoyo de padres y apoderados es fundamental. Hoy contamos con un comité de grupo completamente constituido, lo que fortalece la organización y el acompañamiento”.
Más allá de lo logístico, invita a las familias a involucrarse activamente en el proceso formativo.
“Se trata de acompañar, escuchar y reforzar los valores en el hogar”.
Una invitación abierta a Quinta Normal
Para quienes aún no conocen el escultismo, el mensaje es claro:
“Es una experiencia que permite aprender, hacer amigos, descubrir talentos y crecer en valores. En un mundo individualista, el escultismo enseña a construir comunidad”.
El grupo realiza sus actividades todos los sábados en la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Carrascal 4483.
“Invitamos a niños, jóvenes y también adultos que quieran servir como dirigentes. Aquí siempre hay espacio para quien quiera ser parte de esta gran aventura”.
Un compromiso personal
Para Leonardo, ser dirigente scout es también una forma de devolver lo recibido.
“El escultismo marcó mi vida. Hoy es mi manera de retribuir ese legado. Incluso mi familia está ligada a esta historia. Ver cómo mi hija creció con estos valores reafirma que este camino vale la pena”.
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Quintanormalino, Co-fundador de “El Carrascal”.


