Luis Mesa Bell: El Primer Mártir del Periodismo Chileno y su Vínculo con Quinta Normal

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A pesar de su corta edad, Luis Mesa Bell, quien aún no había cumplido treinta años, dejó una huella imborrable en la historia del periodismo chileno y su conexión con Quinta Normal es un aspecto fundamental de su legado.

Mesa Bell no solo fue un miembro activo del movimiento socialista Nueva Acción Pública (NAP), sino que también desempeñó un papel crucial como editor en el diario La Nación. Su incansable espíritu periodístico lo llevó a realizar numerosas investigaciones, pero una de las más destacadas estuvo relacionada con la misteriosa desaparición del profesor primario Manuel Anabalón Aedo.

Manuel Anabalón Aedo, catalogado como subversivo por los agentes del régimen de facto de Carlos Dávila, militaba en el Frente Único Revolucionario, un movimiento afín al partido comunista. Fue embarcado junto a otros prisioneros políticos en el vapor Aysén con destino al sur desde Antofagasta. Sin embargo, al llegar a Valparaíso, desapareció misteriosamente después de ser puesto a disposición de la Policía de Investigaciones del puerto.

Luis Mesa Bell, conocido por su intrépida labor periodística, lanzó una acusación que sacudió los cimientos del poder: “La Sección de Seguridad es responsable de la muerte de Anabalón. Rencoret (Prefecto de Investigaciones de Valparaíso) es asesino de Anabalón”. En las ediciones subsiguientes de la revista Wiken, Mesa Bell continuó entregando detalles del “caso Anabalón”, incluyendo la ubicación exacta del cadáver del profesor en las profundidades del muelle de Valparaíso. Además, calificó de “prontuarios” las hojas de vida de algunos funcionarios de la policía supuestamente involucrados en este y otros crímenes, entre ellos el propio Rencoret y el Director de Investigaciones Carlos Vergara, conocido como “Guarango” en el mundo del hampa.

Las amenazas no tardaron en llegar, extendiéndose desde el director de la revista hasta el personal de Wiken. Roque Blaya, el publicista argentino propietario de la revista, sufrió un ataque físico a manos de un individuo que, según las investigaciones de Wiken, podría haber sido el mismo “Guarango”. Por suerte, Blaya salió ileso. Las oficinas de Wiken, ubicadas en Amunátegui 86, también fueron asaltadas, donde desaparecieron varios ejemplares del último número de la revista.

Sin embargo, estos incidentes palidecen en comparación con la tragedia que se avecinaba. El 21 de diciembre de 1932, Luis Mesa Bell fue asesinado brutalmente, y su cuerpo destrozado fue encontrado al día siguiente en un potrero de Carrascal, en la periferia de Santiago. En ese lugar, hoy se encuentra una “animita” en su recuerdo, ubicada en la calle Radal, casi esquina de Carrascal, frente a la Escuela Diego Portales de Quinta Normal.

El legado de Luis Mesa Bell perdura como un recordatorio de la valentía y el compromiso del periodismo chileno en la búsqueda de la verdad, incluso en los momentos más oscuros de la historia del país. Su sacrificio y su incansable búsqueda de justicia lo convierten en el primer mártir del periodismo chileno, y su vínculo con Quinta Normal es una parte integral de esta historia que nunca debe ser olvidada.

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