Polilogismo: la doctrina que destruye la verdad

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Cómo una idea nacida en la filosofía terminó justificando el totalitarismo, el relativismo y la cancelación del debate racional

En tiempos donde toda opinión parece valer lo mismo, donde los hechos son desplazados por identidades y emociones, y donde disentir es considerado una ofensa, una antigua doctrina vuelve a cobrar vigencia: el polilogismo. Pocos conocen su nombre, pero sus efectos están presentes en la política, las redes sociales, la educación y el debate público.

El polilogismo sostiene que no existe una lógica universal, que no hay una forma correcta y objetiva de razonar válida para todos los seres humanos. En su lugar, plantea que cada grupo —clase social, raza, ideología o identidad— posee su propia lógica, con reglas distintas y conclusiones distintas.

Según esta visión, algo puede ser verdadero para unos e ilógico para otros, no porque los hechos sean distintos, sino porque las mentes razonan bajo “lógicas diferentes”.

El resultado es devastador: desaparece la posibilidad de verdad objetiva.

Cuando la lógica se vuelve tribal

El polilogismo divide a la humanidad en grupos cerrados. Ya no existe un criterio común para evaluar los argumentos. Si dos personas no están de acuerdo, el conflicto no puede resolverse con evidencia ni con hechos, porque —según esta doctrina— cada una razona bajo reglas diferentes.

Así, la discusión racional se vuelve imposible. No importa qué tan sólidos sean los datos, porque el desacuerdo ya no es lógico, sino identitario.

No se discute lo que se dice.
Se discute quién lo dice.

De Marx a Hitler: el mismo virus, distintos rostros

El primer movimiento que convirtió el polilogismo en doctrina política fue el marxismo. Al no poder defender racionalmente el comunismo frente a la evidencia histórica y económica, sus teóricos adoptaron una salida peligrosa: afirmaron que la lógica depende de la clase social.

Si alguien criticaba al socialismo, su argumento no se analizaba: se descartaba como “lógica burguesa”.

El ataque dejó de ser al argumento y pasó a ser a la persona.

Los nazis llevaron esto al extremo. En su versión del polilogismo, existía una lógica aria, una lógica judía, una lógica británica, y cada una producía su propia “verdad”. Así se justificó el racismo, la persecución y el genocidio: no porque fueran correctos, sino porque eran “lógicos” dentro de una identidad racial.

Cuando la lógica se vuelve tribal, todo crimen puede volverse razonable.

El origen filosófico: Kant y la ruptura con la realidad

Detrás de estas ideas hay una raíz más profunda. El filósofo Immanuel Kant separó el pensamiento de la realidad objetiva, sosteniendo que no conocemos el mundo como es, sino como nuestra mente lo construye.

Eso abrió la puerta a que la lógica dejara de ser una herramienta para descubrir la verdad y pasara a ser una creación subjetiva.

Si la mente crea su propia realidad, entonces también puede crear su propia lógica.

Por qué el polilogismo es una amenaza hoy

En la actualidad, el polilogismo vive bajo otros nombres:

  • “Mi verdad”
  • “Tu narrativa”
  • “Eso es válido para ti, no para mí”
  • “Hablas desde tu privilegio”

Ya no importa si un argumento es verdadero o falso.
Importa desde qué identidad fue dicho.

Esto destruye:

  • El periodismo
  • La ciencia
  • El derecho
  • La democracia
  • La convivencia social

Sin una lógica común, no hay diálogo.
Sin diálogo, solo queda el conflicto.

Una doctrina que no es teoría, sino negación

El polilogismo no es una teoría de la lógica.
Es su negación.

Transforma la lógica —el instrumento que permite a los seres humanos descubrir la verdad— en una herramienta para justificar cualquier cosa que alguien quiera creer.

Cuando todo puede ser “lógico” para alguien, nada es verdadero para todos.

Y sin verdad compartida, no hay sociedad posible.

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