“Simio”, “macaco”, “negro”: de la superioridad moral al insulto racial, la polémica que dejaron los comentarios contra José Carlos Meza

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Racismo, clasismo y discursos de odio: la incómoda contradicción que dejaron los comentarios contra José Carlos Meza

En los últimos años, Chile ha experimentado una creciente sensibilidad frente a fenómenos como el racismo, la discriminación, el clasismo y los discursos de odio. Marchas, campañas públicas, organizaciones sociales y dirigentes políticos han levantado con fuerza banderas asociadas a la inclusión, la diversidad y los derechos humanos.

Sin embargo, una revisión de los comentarios publicados en redes sociales a propósito de una reciente nota de El Carrascal sobre el diputado José Carlos Meza deja en evidencia una realidad que contrasta fuertemente con esos discursos.

Tras analizar más de un centenar de comentarios, la tendencia predominante no fue el debate político, la discusión sobre seguridad pública ni el intercambio de argumentos. Por el contrario, gran parte de las intervenciones estuvo marcada por insultos personales, burlas físicas, expresiones racistas, referencias clasistas y descalificaciones de carácter ideológico.

Del debate político al insulto racial

Entre los comentarios recopilados aparecen expresiones como “simio”, “macaco”, “mojón africano”, “la prieta humana”, “kaka negra”, “negro curiche” y otras referencias vinculadas al color de piel o a características raciales utilizadas como forma de menosprecio.

A ello se suman calificativos como “desclasado”, ataques a la apariencia física, al peso corporal y una larga lista de insultos que poco tienen que ver con el contenido de la publicación.

La situación resulta particularmente llamativa considerando que muchas de las personas que participan habitualmente en espacios políticos progresistas suelen manifestarse públicamente contra el racismo, la discriminación y el clasismo.

Sin embargo, cuando el objetivo es un adversario político, esos principios parecen desaparecer.

Porque si llamar “simio” a una persona es racista, sigue siendo racista aunque la víctima sea un diputado de derecha.

Si utilizar el color de piel como insulto es discriminatorio, también lo es cuando se hace contra alguien con quien no se comparte una posición política.

Y si el clasismo es condenable, debería serlo independientemente del sector político al que pertenezca la persona atacada.

El nazismo como insulto político

Otro elemento que apareció reiteradamente en los comentarios fueron referencias al nazismo y a supuestas características raciales o étnicas.

Expresiones como:

  • “nazi mestizo”
  • “chancho nazi”
  • “ario encubierto”
  • “aspirante a nazi”
  • “nazi quemado”

fueron utilizadas por distintos usuarios para referirse al parlamentario.

La paradoja es evidente.

Sectores que históricamente han denunciado el fascismo, la intolerancia y los discursos de odio terminan recurriendo a categorías asociadas precisamente a cuestiones raciales o étnicas para descalificar a quienes consideran adversarios políticos.

Más allá de las diferencias ideológicas legítimas que puedan existir, resulta difícil sostener un discurso coherente contra la discriminación mientras se utilizan insultos basados en raza, origen o apariencia física.

Cuando los principios dejan de ser universales

La discusión de fondo no tiene relación con la figura de José Carlos Meza ni con sus opiniones respecto a la seguridad pública.

En democracia, cualquier autoridad está expuesta a la crítica, al cuestionamiento e incluso a la controversia.

El problema aparece cuando la crítica abandona los argumentos y se transforma en deshumanización.

La verdadera prueba de los principios democráticos no consiste en defenderlos cuando benefician a quienes piensan igual, sino precisamente cuando se aplican a quienes pensamos distinto.

Porque los derechos humanos no pueden depender del color político.

El racismo tampoco.

El contraste con Brasil

La contradicción adquiere aún más relevancia si se observa lo ocurrido recientemente en Brasil.

Durante las últimas semanas, varios ciudadanos chilenos fueron noticia internacional tras enfrentar procesos judiciales por conductas consideradas racistas en territorio brasileño.

Uno de los casos más conocidos fue el del ejecutivo chileno Germán Naranjo Maldini, detenido por la Policía Federal brasileña luego de ser acusado de proferir insultos racistas y homofóbicos contra miembros de una tripulación aérea.

El caso generó amplio rechazo público y abrió una investigación que podría derivar en severas sanciones penales.

Brasil ha endurecido significativamente su legislación antirracista durante los últimos años. Desde 2023, la injuria racial fue equiparada al delito de racismo, permitiendo sanciones mucho más severas para quienes realicen expresiones discriminatorias basadas en raza o color de piel.

En ese contexto, expresiones como “simio”, “macaco” o insultos vinculados al origen étnico pueden ser objeto de persecución penal.

Sin embargo, en Chile, y particularmente en redes sociales, este tipo de comentarios continúa apareciendo con total normalidad cuando el destinatario pertenece al sector político contrario.

Más allá de la política

El análisis de los comentarios revela una realidad incómoda: buena parte de quienes exigen respeto, inclusión y tolerancia en el espacio público parecen aplicar esos principios de manera selectiva.

Se condena el clasismo, pero se trata de “desclasado” al adversario.

Se denuncia el racismo, pero se utilizan referencias raciales para insultar.

Se combate la discriminación, pero se ridiculiza el aspecto físico de las personas.

Se exige respeto, pero se responde con odio.

La pregunta es inevitable: ¿los principios son realmente universales o solamente se aplican cuando resultan políticamente convenientes?

Porque si la igualdad, la dignidad y el respeto dependen del partido político de la persona que recibe el ataque, entonces ya no estamos hablando de derechos humanos. Estamos hablando simplemente de doble estándar.

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